Ecuador Ancestral

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La arqueología en el Ecuador

Los indios, luego que depositaban el cadáver donde havía [sic] de quedar, ponían tanta tierra que quedaba dispuesto un cerro artificial que es a lo que llamaban guaca En las más sólo se encuentra el esqueleto del que fue enterrado y por este tenor cosas de poco valor, aunque de gran curiosidad y dignas de admiración por su mucha antigüedad.

Don Jorge Juan y Don Antonio de Ulloa.

El Padre Juan de Velasco y Monseñor González Suárez, padres de la historia ecuatoriana; a la derecha, Jacinto Jijón Caamaño discípulo de González Suárez y distinguido seguidor de su obra.

El ilustre profesor de la Universidad de Navarra, Don Luis Suárez Fernández, ha dicho:

«...La historia no se da en el tiempo sino en la conciencia y, por tanto, existe un tiempo histórico que corresponde al ser cultural o, mejor dicho, un tiempo-conciencia que da el real valor sustantivo a la cultura».

«...Al incursionar en la época prehistórica, el problema del tiempo histórico se hace difícil porque, si bien se puede conocer la medida del tiempo cronológico mediante la aproximación del Cu,, el hecho se documenta sólo a base de los objetos materiales».

«...Nuestra conciencia histórica, hecha de experiencias y conocimientos teóricos, nos lleva a interpretar o deducir el acontecer espiritual del hombre, sólo el momento de asignar valores al grupo humano ancestral intuido a través de sus obras materiales».

«...Importa pues la aproximación del hombre de hoy a su pasado, cuya inmensa carga bien podríamos llamar cultura histórica (muy distinta de la cultura viviente), heredera innegable del ayer y depósito de lo que está en proceso de creación y de movimiento hacia lo trascendente, meta innegable del quehacer espiritual del hombre, llamado cultura.»

El Padre Juan de Velasco introdujo el conocimien-o histórico de los aborígenes ecuatorianos, funda-mentándose en las Crónicas de Indias. Monseñor Fe-derico González Suárez inició los estudios científicos de la arqueología ecuatoriana y formó dos discípulos: los señores Carlos Manuel Larrea y Jacinto Jijón Caamaño. Esta trilogía abrió las puertas al estudio I sistemático de nuestra prehistoria, mediante la 1 publicación de sus trabajos ejecutados bajo normas I modernas y con el aporte de instituciones y especia- j listas nacionales y extranjeros, trabajos que consti-1 tuyen la pauta inicial de cuanto se ha alcanzado pos- ¡ teriormente.

En Guayaquil se destacó un grupo de cinco | arqueólogos que habrían de dar lustre a los estudios | prehistóricos: Olaf Holm, Carlos Zevallos Menén-, dez y Francisco Huerta Rendón, a quienes suele llamárseles Grupo de Guayaquil; Emilio Estrada Ycaza y Presley Norton se unieron tardíamente al grupo.

Actualmente existen centros universitarios dedicados al estudio formal de la prehistoria nacional en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y en la Escuela Politécnica del Litoral. De su personal, destacan el P. Pedro Porras, Manuel Miño Grijalva y Nieves Zedeño; los dos últimos son miembros de la más joven generación de arqueólogos nacionales.

Los museos del Banco Central del Ecuador han reunido un personal numeroso de jóvenes arqueólogos que forman un equipo profesional de reconocida categoría, de entre los cuales deben ser mencionados, por sus publicaciones, Eduardo Almeida, Antonio Fresco, Ernesto Salazar, Francisco Valdez, Holger Jara y Marcelo Villalba.

Los principales continuadores de la obra del Grupo de Guayaquil, son Jorge Marcos, Piaña Bruno, Res-fa e Ibrahim Parducci y Presley Norton.


Emilio Estrada Ycaza. Emilio Estrada. Su obra, junto a las de Carlos Zevallos Me-néndez y Francisco Huerta Rendón sobre las culturas de la Costa, constituye la "columna vertebral" de la arqueología nacional.

 

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