Ecuador Ancestral

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Cultos

Es característica de La Tolita la gran cantidad de enterramientos humanos, acompañados de ajuar funerario compuesto por bellos objetos de cerámica, oro, platino y cobre, así como de diversos objetos de adomo personal con esmeraldas, obsidiana, cuarzo y concha.

El culto mágico es inherente a los pueblos aborígenes y La Tolita, con su abundante material cerámico, ha dado oportunidad de caracterizarla como altamente religiosa y subordinada a las prácticas rituales de los shamanes. La alta frecuencia relativa de representaciones de jaguar, serpiente y águila arpía an-tropomorfizados ha hecho que se les asigne valor religioso. Existe también una figura, el dios viejo, a la que se le ha dado igual carácter (Jorge Marcos).

El jaguar o el tigre se asocian al culto solar de la virilidad en América precolombina y se completa el cuadro cuando lleva entre sus garras la roja concha sagrada, signo femenino, engendro de la lluvia bene-factora de las sementeras.

Unas figuras humanas atadas al lecho no han sido todavía interpretadas pero se les supone asociadas al culto. Una figura femenina desnuda en actitud orante, con los ojos hacia lo alto es prototípica de La Tolita; se trata, en todo caso, de un personaje de rango y fue reproducida en cerámica y oro hasta en el norte del actual Perú. La posición de las manos con las palmas vueltas hacia afuera dio oportunidad al estudioso mexicano, Dr. Samuel Martí, de compararlas con las manos de personajes búdicos en los que la posición y movimiento de las manos tiene un significado simbólico codificado.

La cabeza trofeo (tzantza) que aparece sostenida a la altura del pecho en varios figurines fue estudiada por Constanza Di Capua (1978-79). Se las supone trofeos de guerra que transferían al guerrero el espíritu del enemigo que, así, quedaba sojuzgado por el vencedor. La acumulación de estos trofeos daba a la comunidad facultades para hacer germinar la tierra, además de gran poder en la guerra; la reducción de cabezas es una práctica vigente entre los jíbaros de nuestra amazonia y fue común entre los indígenas de la costa sudamericana hasta la llegada de los españoles.

Se ha supuesto que las tolas grandes fueron adora-torios pero no hay pruebas definitivas de ello pues, igualmente, pudieron haber sido bases de viviendas. Las hojas de coca y otras drogas psicotrópicas que eran ingeridas por masticación o inhalación como di-namógenas —tal como se practica aún en el altiplano— fueron parte de las prácticas religiosas del hombre de La Tolita.

 

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