Ecuador Ancestral

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Fauna Terciaria

Los cambios geológicos, conformadores de todo un planeta, son menos impresionantes que los de estructuración orgánica de los animales que, manteniendo los caracteres básicos, evolucionan a formas nuevas realmente asombrosas: Al desaparecer los grandes reptiles del Cretácico junto con amonitas y munulitas —característicos de los estratos anteriores— comienza el ascenso de los mamíferos.

La aparición, en el Eoceno, del mamífero placen-tario resulta un afinamiento formidable de los medios de propagación de la vida, la tendencia a cerebros más grandes y complejos, típica de los mamíferos, culmina en la psique humana que ha saturado la tierra con sus obras y sobrepasado ampliamente los niveles de población de las demás especies superiores.

Los bóvidos, surgidos en Asia en el Mioceno, son los animales cuya asociación con el hombre es más íntima. El bisonte almizcleño y el antílope llegaron a sus actuales formas entre el Plioceno y el Pleistoceno, cuando el bisonte y el camero almizcleño pasaron del viejo continente al norte del nuevo. Estas especies fueron de esencial importancia para el cazador de las etapas arcaicas de la prehistoria humana.

Los caballos —de sólo 30 cm— y camellos aparecieron en América, al inicio de la era Cenozoica; extinguidos acá, prosperaron en Eurasia. A mediados de la era Cenozoica ya existían, casi iguales, el perro, el lobo y el chacal, antecesores de las formas adaptadas por el hombre a sus necesidades domésticas.

Es muy probable que África sea la cuna de la humanidad: El hombre pertenece al orden de los primates, junto con musgaraños arbóreos, lémures, társidos, monos y símidos que estaban ya muy extendidos en el Eoceno. Durante el Oligoceno, aparecieron el Para-pithecus, el Propliopithecus y, algo más tarde, el procónsul antecesor de póngidos, gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés y homínidos.

En tiempos pliocenos, el australopithecus inició la rama evolutiva que nos interesa: por un lado, se desarrollaron los australopithecus africanas y australopithecus robustas que constituyeron una rama ciega de evolución y, por otro, los homo habilis, erectus y sapiens.

La evolución de los homínidos incluye la adaptación de las extremidades para el andar vertical, el crecimiento del cerebro, el desarrollo de los centros de la vista a expensas de los del olfato, el desplazamiento de los ojos del costado al frente de la cara permitiendo la visión estereoscópica, la reducción del hocico y ] el centramiento del cráneo sobre la columna.

 

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