Ecuador Ancestral

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La vertiente occidental

Fue largamente estudiada por Emilio Bonifaz, profundo conocedor del ambiente, quien publicó, en 1979, el informe de sus trabajos bajo el título Cazadores prehistóricos del Haló.

Por su experiencia de viejo cazador aficionado, Bonifaz cree que la prevalecencia de los vientos procedentes del este, es decir, de la cordillera, habitat de los animales de presa, así como su poca intensidad, habrían favorecido la acción del depredador humano primitivo.

El milodonte (perezoso) ha dejado restos abundantes en la capa de cangahua del lado occidental del Haló; este animal de lentos movimientos era fácil de cazar pues, al levantarse sobre los cuartos traseros para agarrar los frutos y hojas de los que se alimentaba, exponía vientre, cuello y pecho a los proyectiles del cazador.

Bonifaz pudo localizar fósiles de armadillo gigante que sería objeto de caza mediante lanza de mano por ser necesario herirlo en las partes no protegidas por el caparazón. Los cérvidos y el tigre diente de sable, por su velocidad mayor que la del hombre, serían más difíciles de atrapar así como el puma que, advertido por su fino olfato, siempre se pone a salvo del hombre oportunamente; las aves acuáticas y de pantano serían objeto de caza marginal por parte de pobladores menos fuertes, mujeres y niños.

En el informe de Bonifaz sobre el Haló occidental constan fechas antiquísimas para las puntas de proyectil, datadas por el método de la hidratación de la obsidiana: desde 45.000 AP hasta 16.350 AP. El concluye que la llegada del primer cazador superior a suelo ecuatoriano pudo haber ocurrido hace unos 16.000 años, edad de los proyectiles líticos de mayor tamaño, y que la fauna que lo atrajo pudo haberse extinguido hace unos 6.000 años.


Puntas de lanza en "cola de pez" y foliácea del complejo El Inga.

 

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