Ecuador Ancestral

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Visión general de la zona

Desde la cumbre corren pequeñas quebradas con agua de la temporada invernal; esto podría explicar en parte el asentamiento del cazador primitivo en la zona durante milenios. Parece, sin embargo, que el Haló no fue habitat permanente sino campamento de talleres para hordas trashumantes que se domiciliaban ahí temporalmente, por razones desconocidas.

El cerro fue volcán activo durante el segundo interglacial, etapa media del Cuaternario. La acción eruptiva ayudada por los vientos, acumuló sobre el suelo y en los lechos de ríos y lagunas la cangahua que, aunque parecida al loess de otras regiones, tiene una composición mineral diferente, como anota Ma. Angélica Carlucci [1960].

Las huellas pleistocénicas de las glaciaciones se hallan en el Haló a un nivel de 2.300 msnm., o sea más abajo de los sitios estudiados por Angélica Carlucci. En las faldas del Haló existen pequeñas zonas de tierra cultivable, capa terrosa pertenenciente al post-gla-cial, superpuesta a la morrena de la cuarta glaciación o a la cangahua del tercer interglacial, lugar donde fueron encontrados los primeros restos líticos del primitivo cazador afincado en nuestro suelo.

Ernesto Salazar, quien estudia exhaustivamente la zona, en su libro EL HOMBRE TEMPRANO EN EL ECUADOR ABORIGEN, presume el ambiente que rodearía al primitivo cazador del Haló hace 10.000 años:

« Serían ... pequeños arbustos y algunos quishuar, alisos y pu-mamaquis ... en angosta faja bordeando la base del cerro, más o menos paralela a la actual carretera Tumbaco-La Merced. Al oeste, un pajonal cerrado subía hasta la cima misma del Haló y, al este, se extendía otro pajonal con manchas de plantas almohadilladas hasta llegar a la base de la cordillera constituida entonces en una espectacular sierra nevada ... El ambiente ecológico era, pues, de bosque montano y pajonal».

« La recolección de frutos silvestres podría haber sido favorecida por la existencia —hasta ahora— de quinua, chocho, bledo, taxo, uvilla, nigua, mora, nogal, tóete y berro».

La fauna puninense, compuesta por el caballo andino, la paleollama, el lobo de páramo, el tigre dientes de sable, el mastodonte, el milodonte y varios cérvidos nos es conocida gracias a los trabajos del Dr. Hoffstetter.

El estudio arqueológico de la región del Haló presenta un serio problema a causa del declive del cerro que ha hecho caer, a depósitos bajos, diversidad de materiales pertenecientes a épocas distintas pero que se encuentran en aparente asociación. Por suerte, los métodos modernos de arqueometría ayudan a resolver en parte las dificultades de datación.

No se han hallado humanos fósiles en esta zona pero sí múltiples huellas de su actividad. El significativo aporte de las investigaciones de Antonio Santia-na y su esposa Angélica Carlucci, Robert Bell, William Mayer-Oakes, Ernesto Salazar y Emilio Bonifaz permite, al menos, columbrar los aspectos fundamentales de la vida del primer poblador del suelo ecuatoriano en la sierra.

 

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