Ecuador Ancestral

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Artesanías

Al estudiar San Pablo, Holm y Zevallos insinuaron que los pequeños discos perforados de cerámica allí encontrados podían ser volantes de huso, sin que los estudiosos aceptaran, por entonces, la interpretación.

Fue Marcos quien aportó la prueba directa irrefutable de las habilidades textiles de Valdivia al encontrar un pegote de arcilla en el que, cuando aún humedo, un tejido dejó su impronta, de manera casual. Exhaustivos exámenes sobre el pequeño fragmento permitieron concluir que las huellas correspondían a un tejido auténtico, hecho en telar de cintura de los que aún se emplean en las regiones andinas. En su informe de 1975, Lathrap y Marcos indican que la textilería de Real Alto es docientos años más antigua que las de Huaca Prieta y Conchas en el Perú y dos mil años más temprana que Hacha y Erizo en la costa del mismo país. Esta es la prueba más antigua del uso del telar en América.


Reconstrucción de una vivienda de Real Alto

Sogas y cordeles, naturalmente, no han subsistido pero han dejado su huella en la cerámica, en el llamado estampado en cordeles. Las redes de pesca pudieron haberse hecho de algodón o fibras de cortezas de árboles; han subsistido solamente los pesos y se puede suponer que los flotadores serían calabazas, tal como se han encontrado en el norte del Perú, donde el clima seco las ha conservado intactas.


Volantes de huso valdivianos

Las conchas fueron materia prima importante para otras artesanías: anzuelos, pequeños adornos ("mullos"), cucharas (según otros, raspadores grandes), picos para labranza y máscaras con dos perforaciones para señalar los ojos.

En la escalera que sube al montículo mayor de Real Alto se halló el más antiguo instrumento musical ecuatoriano. Se trata de un caracol marino convertido en trompeta mediante la rotura de su extremo superior, tal como se utiliza todavía en la sierra donde se le conoce como "churo". La comparación de Valdivia con otras culturas similares permite suponer que tendrían pitos y flautas de caña o carrizo que, por ser materiales perecederos, no han subsistido.


El telar de clntura,todav(a usado en la sierra, ya fue utilizado por los tejedores valdivianos

Los anzuelos de concha perla son excepcionales pues su brillo actúa como carnada, según lo demuestran experimentos modernos. Lo importante es que, para fabricarlos, se requiere herramientas especiales (escariadores, limas y perforadores) que supo procurarse el hombre de Valdivia.

Piedras de andesita o diorita eran golpeadas hasta darles la forma burda de las inconfundibles hachas de Valdivia; luego, con ayuda de bastante agua, se las pulía contra otra piedra de arenisca. En San Pablo se halló una hacha junto al esmeril. La misma piedra arenisca servía para hacer limas, sierras y otras herramientas abrasivas. Metates y manos de moler, raspadores, taladros y grabadores demuestran una cierta maestría en el trabajo de piedras más duras.

El verdadero arte valdiviano es la alfarería que muestra habilidad para controlar la cocción y producir artefactos rojos (cocción oxidante) o negros (cocción controlada). Así fueron fabricados pequeños figurines ceremoniales femeninos y artefactos utilitarios como ollas, vasijas, cuencos decorados con incisiones, punteados y brochados, en multitud de modelos, aún sin una seriación típica para toda la cultura que presenta muchas variantes locales.


Hachas de piedra de la cultura de Valdivia

Los característicos figurines ceremoniales femeninos de esta cultura, las Venus de Valdivia, son su prototipo más conocido; sorprende la variedad de tocados que adornan a estas mujeres y la exaltación —tal vez, mitológica— de sus rasgos femeninos, especialmente los de la gravidez.

 

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