Ecuador Ancestral

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Artesanías

La cerámica de Chorrera muestra un bellísimo pulimento brillante e iridiscente logrado a base de engo-bes cuya perfección sorprende. En experimentos realizados en la Universidad de Brooklyn (K.D. Gar-telman) se constató que la pintura era hematítica especular untada en el barro antes de una primera cocción; en la segunda que era controlada (con escasez de oxígeno), el humo saturaba las partículas de pintura y se acumulaba entre ésta y el barro, sin dañar la decoración.

La larga tradición de doce siglos hizo posible las realísticas expresiones plásticas de Chorrera; es notable la precisión de las copias de elementos zoológicos (especialmente el murciélago), botánicos y antropomorfos y la variedad de formas de los artefactos utilitarios y ceremoniales: platos, botellas, apoyanucas, cuencos y cajitas para la "llipta" (sustancia alcalina que, masticada junto con la coca, produce el efecto estimulante o alucinógeno).

La decoración tiene antecedentes en el inciso y pulido de Machalilla pero evidencia notable habilidad y desarrollo tecnológico pues llegó a producir motivos en negativo mediante la protección de ciertas zonas del artefacto no alcanzadas durante el proceso, por el humo de la cocción controlada; una vez eliminada la capa protectora, el motivo destaca sobre el fondo ahulado. Con esta misma técnica que denota un profundo conocimiento del oficio pudieron haberse producido piezas a dos o tres colores.


Croquis de la distribución geográfica del Formativo tardío

El alfarero de Chorrera cambió la forma de la botella de asa de estribo por la característica botella silbato, de un solo cuerpo, pito y cámara de resonancia incrustados en la unión de éste con el asa que sirve de soporte al alto y esbelto vertedero. Con ella, el hombre de Chorrera nos ha legado uno de los más hermosos testimonios de su cultura.

El mecanismo de la botella es sorprendentemente ingenioso: al poner (o sacar) agua de la botella, el aire desalojado (o succionado) tiene que pasar por el silbato produciendo el sonido. Esto dio oportunidad al cho-rrerano para crear sonidos onomatopéyicos que reproducen las voces de las aves, los murmullos de la selva y hasta los quejidos de un hombre enfermo, como ocurre en la singular pieza con esta última representación hallada en Calderón (Manabí).


Botella silbato con motivo fl-i tomorfo Se puede apreciar la calidad del pulido.

sta botella musical demuestra la sensibilidad del chorrerano y su apreciable desarrollo intelectual. Al final de la fase aparece la botella de dos o más cuerpos unidos por un tubo comunicante inferior y por una asa-puente superior. Uno de los cuerpos contiene el silbato y la cámara de resonancia mientras otro tiene el vertedero.

Las figurillas, en general huecas, son mucho menos variadas que en las fases anteriores y destacan por su simetría y hieratismo casi clásicos; carecen de erotismo pero el embarazo y la maternidad están presentes con el mismo aire solemne que las demás representaciones humanas.

Los ceramistas de Ayangue «... no tuvieron rival en la época de Chorrera ni en la posterior...»(Estrada) y llevaron a su más alto nivel plástico la cerámica iridiscente, negra pulida y grabada.

El chorrerano era hábil lapidario: collares de cristal de roca con cuentas redondas muy bien pulidas no son tarea despreciable, si se considera que tal material es duro como el diamante; en lapizlázuli —otro material de extrema dureza— fabricaron cuentas alargadas para collares. Se halla difundido el uso de obsidiana para fabricar un instrumento cortante característico constituido por una hoja alargada y pulimentada con filos biselados. En sílex hicieron punzones, ralladores, cuchillos, etc.

Tales minerales no son nativos de la costa, lo que lleva, inevitablemente, a la conclusión de que mantenían comercio a distancia. La sierra podía proveer cristal de roca y obsidiana pero, hasta donde se sabe actualmente, el lapizlázuli debió haber venido de Chile o Perú. Se desconoce si las canoas o balsas (cuyas representaciones aparecen en las piezas de cerámica) tuvieron, en una etapa tan temprana como Chorrera, la capacidad para realizar viajes oceánicos.

La textilería está evidenciada indirectamente por la presencia de volantes de huso hechos de barro lo que indica la integración más consciente de la hilandería a la economía; la evidencia directa está dada por las huellas de textiles en el barro fresco de artefactos posteriormente cocidos. Siguieron usándose, como en las culturas anteriores, las conchas para fabricar una gran cantidad de utensilios y adornos tales como collares, \ orejeras tubulares, ganchos, ajorcas, etc.


Arriba: Diagrama del funcionamiento de las botellas silbato, típicas de la cultura Chorrera Abajo: El hombre enfermo de Calderón (Manabf) nos habla, desde 2500 años atrás, de una sociedad que, probablemente, no representaba ningún paraíso

"Venus "de las postrimerías de la cultura Chorrera, en su transición a Bahía.

Artesanías de Narrío: a la izquierda, pectoral de concha recortada, incisa e incrustada. a la derecha, pieza de cerámica conocida como "vaso de las serpientes".

 

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