Ecuador Ancestral

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Ñapo

Esta fase ha sido estudiada por Jacinto Jijón, quien la llamó "Panzaleo", por Evans y Meggers y por el P. Porras (1975/76). La estación Ñapo, en el curso superior del río del mismo nombre, fue establecida por Evans y Meggers quienes la dataron en -1000 DC --1480 DC.

Los informes del padre Porras quien sobrevoló la región selvática dan cuenta de varios conjuntos de tolas, los cuales fueron puestos al descubierto por trabajos agrícolas en la zona del río Upano y consignan dataciones de -665 AC, con una duración, hasta la llegada de los españoles, de 2200 años.

Evans y Meggers, entre 1966 y 1968, reconocieron siete sitios a lo largo del río Ñapo pero hicieron especial mención de Cotacocha (llamada Cotococha por Porras, 1976), donde se han realizado estudios posteriores más profundos.

La investigación arqueológica ha descubierto ce-ramios muy bellos; han sido catalogadas más de veinte formas básicas y el inventario registra cántaros antropomorfos de pasta muy fina con desgrasante de mica, sellos o pintaderas circulares, estatuillas humanas huecas y macizas, urnas funerarias de 50 cm. de altura. Estas tienen representaciones antropomorfas en el exterior, con determinación del sexo del difunto y se hallan íntegramente pintadas en los colores típicos de la cultura: negro, rojo y blanco exisos e incisos.

La seriación tipológica de la buena cantidad de hachas de piedra encontradas es del P. Porras; en este mismo material se ha encontrado algunas esculturas y estelas y pequeñas cantidades de cinceles, punzones y martillos.

Las estatuillas dan cuenta de los usos en el vestuario: taparrabos y ponchos, trenzas colgantes sobre la espalda, rodetes sobre la cabeza, pintura facial a rayas.

El P. Porras (1976) estudió un objeto cónico de aspecto fálico, adornado con tres cabezas en lo alto: una hueca al centro y dos a los lados. Este objeto ha sido asociado a ritos de la fertilidad y se supone que sería utilizado para las prácticas rituales de fecundación de la tierra madre. Se lo asocia a la muerte y a la resurrección cíclica de las plantas (Información personal del P. Porras).

Se ha constatado también la práctica de cultos funerarios, puesto que los cadáveres fueron enterrados en urnas dentro de las casas o en sus cercanías; los restos humanos han permitido detectar algún vestigio de pintura corporal.

La práctica ritual de las cabezas-trofeo, común en la Costa y el Oriente ecuatorianos, podría probar relaciones tempranas entre las dos zonas, como apunta Constanza di Capua en su estudio sobre el tema (1978). Aunque el asunto de las relaciones no está suficientemente estudiado, pueden haberse dado con la zona amazónica, el interior de la Sierra y ciertas zonas de la Costa.

 

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