Ecuador Ancestral

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Los Paltas

Juan Salinas de Loyola, en su Relación de 1573 ha dejado importantes notas sobre los Paltas e indica que los Incas les obligaron a aprender la "lengua general", el quichua, pero que había tres variantes de naciones o lenguas: cañar, palta y malacatas (sic), los dos últimos se entendían bien, a pesar de las diferencias de costumbres y vestidos.

Los españoles prefirieron asentarse en el callejón interandino y, en el siglo XVI, produjeron muchos relatos geográficos y crónicas referentes a la sierra; la etnohistoria, basada en ellos, podría reconstruir las épocas inmediatamente anteriores a las conquistas española y de los incas, pues la corta permanencia de éstos —no más de tres generaciones— no podía borrar los recuerdos de sociedades de muy lento cambio.

El extremo sur del país ha recibido poca atención de los investigadores de la prehistoria nacional, (menciones de Max Uhle y Collier y Murra), aunque haya sido el lugar por el que se inició la corta, tardía y —a pesar de esto— importante invasión incaica. Si Jacinto Jijón halló huellas tiahuanacoides en el centro del Ecuador, con mayor razón debería encontrárselas en la zona meridional, más cercana al centro de expansión.

La zona de ocupación de los paltas —nombre de seguro impuesto por los incas en vez del propio que se ha perdido— es la extrema austral del Ecuador pero, a través del imperio Huari, continúa hasta la región central de los puruhá.

El sustento era de origen agrícola, mencionándose la cacería del venado (Historia del Ecuador, Salvat).

Salinas de Loyola tiene buen cuidado de identificar las edificaciones que él atribuye a los incas (fortalezas y tambos) e indica que el patrón de asentamiento anterior a ellos fue el de vivir cada familia en su casa junto a las tierras de labranza; no olvida mencionar la existencia de mitimaes traídos por los incas. Anota que las casas eran de bahareque con techo de paja «...muy bien obradas y grandes...», que el vestido era de algodón o lana y compuesto por una camiseta hasta las rodillas con aberturas para cabeza y brazos y que el calzado era de cabuya o cuero de llama a la que domesticaron, así como al cuy o conejillo de indias.

La cerámica de Trapichillo, estación visitada por Collier y Murra en 1943, es gruesa, anaranjada, mal alisada, de bordes sobrepuestos, del modo que lo son también los adornos que semejan culebras; el resto de la decoración se limita a punteados.

Para la orfebrería obtenían el oro de lavaderos en el Oriente; aunque la técnica estuvo limitada al martillado y repujado produjeron bellos ejemplares que pueden ser admirados en el Museo de la Casa de la Cultura del Guayas.

Garcilaso de la Vega escribió que practicaban la deformación del cráneo, lo cual también habría dado origen al nombre de Paltaumas (cabezas de palta o aguacate) dado por los incas.

Salinas de Loyola menciona los cultos solar y lunar pero no se puede dejar de considerar la importancia cultual de las montañas cuyas cumbres fueron transformadas en adoratorios.

Mantenían pocos contactos con el exterior, salvo en lo necesario para el comercio de la sal. La cerámica da una débil indicación de relaciones con los caña-ris pero es de notarse que el volumen de investigación es muy bajo. Jacinto Jijón encontró similitudes idiomáticas entre las lenguas shuar y la de los paltas y malacatos (1941).

 

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